Tarot para escribir: junio 22

Ruy Feben
2 min readJun 22, 2022
“El juicio”, del Tarot de fuego de Ricardo Cavolo

So many people have gone but you want to be yourself.

— Xi Chuan, “Stupid Words”

¿Qué es la memoria?

Es obvio que no voy a responder eso hoy, ahora, en este instante, aquí: tantas generaciones se han entregado a tratar de contestar esa pregunta, que sería terco. David Lynch me diría: “sí, mucha gente ha respondido eso, pero nunca las has respondido tú”, y capaz que tiene razón. La tradición del arte chino me diría: “qué te importa, chaparrito, eras nomás parte del flujo: repite repite repite copia la misma obra: en la repetición encontrarás la respuesta, cualquier respuesta, todas las respuestas”.

Acaso ambas respuestas son en el fondo la misma: en la memoria, como en el sueño, todos los rostros son máscaras por la que opto.

Más: si la memoria tiene algo que ver con la herencia, entonces la memoria es una guerra. En mi caso: soy uno más de los veinte mil calvos que habitan mi familia, un huevo más del cartón: desde esa repetición, desde ese eco de carne que soy, toca ver hacia atrás de nuevo pero por vez primera: ¿qué es esto, qué es esta chaparrez, qué es este cuero cabelludo que se quema, qué son estos pelos en la espalda, de dónde vienen, para qué? Nadie en el cartón sabrá responderme del todo: las preguntas que vienen del pasado son de alguna forma persecuciones.

Si la memoria tiene algo que ver con nosotrxs, con cualquiera de nosotrxs, entonces es paranoia. No existe, o existe hasta que la forzamos a existir: un interrogatorio, dime todo lo que sabes o te reviento, etcétera. ¿Será posible que la memoria invente cosas con tal de tenernos contentos, con tal de evitar la tortura?

¿Es si es posible una memoria que no responda de algún modo a una tortura, a la tortura que somos siempre?

¿Es posible memoriar sin resucitar esa tortura?

Hablando de torturas: el ejercicio de hoy es abrir un texto que hayas escrito hace mucho. Un texto que no hayas disfrutado escribir, que recuerdes con reserva, que directamente hayas decidido en algún momento desechar. Ábrelo. Y resucítalo. Léelo; léete: lee a esa persona que eras hace uno o dos o veinte años. Edítalo, hazle los cambios que ahora, la persona que eres hoy, considera necesarios: hazlo vivir de nuevo. Borra sin miedo, cambia sin reproche: don’t be afraid to kill your babies. Al final, escribe unas cinco líneas, una suerte de nota de edición: los comentarios que le dejas a lx escritorx de aquel texto que tanto tuviste que cambiar. Toma en cuenta: todo eso que quieres criticar, destruir, cambiar, mejorar, se lo escribes a la memoria que también eres.

(Este ejercicio es uno de los envíos que hago diariamente a quienes quieren ejercitar su escritura. Para suscribirte al newsletter, escríbeme un mail.)

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Ruy Feben

Escribo, pero quiero ser panadero. Mis libros: "Malebolge", "minotauro" y "Vórtices viles".